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Lecciones del millón de dólares

¿Cuál es tu propósito personal?

¿Alguna vez te has sentido como nadando contra corriente? ¿Nadie te entiende y todo el mundo parece estar en contra de lo que haces y de lo que quieres?

En esos casos, es sumamente difícil encontrar la salida, o siquiera, una respuesta "lógica". Parece que apenas resuelves una cosa, surge otra igual o peor. Cuando se logra apenas salir a flote, llega un nuevo problema de quién sabe dónde y nos vuelve a hundir. Si te ha pasado, sabes de lo que estoy hablando, ¿cierto?

Te contaré un secreto que tal vez te va a doler, o quizá ni lo quieras creer porque así lo prefieres. El que ocasiona los problemas eres tú mismo. Así es.

Una víctima dirá: “¡Qué idiota pensaría algo así! Los problemas me llegan de afuera, y a mí me toca resolverlos. Todo lo tengo que hacer yo, porque nadie los va a resolver por mí”.

Si la frase anterior coincide con tu criterio al estar leyendo esto, pues deja de leer y sigue haciendo lo que haces. Aunque si ya llegaste hasta este párrafo es porque algo te dice que no lo sabes todo, y que debe haber algo que te permita vivir la vida que deseas y que estás convencido que te mereces.

Una víctima dirá: “¡Qué idiota pensar algo así! Los problemas me llegan de afuera, y a mí me toca resolverlos. Todo lo tengo que hacer yo,porque nadie los va a resolver por mí”


¿Te has preguntado alguna vez por qué todo tiene que ser siempre una lucha?

Tal vez ya te has cuestionado por qué no es posible simplemente relajarse y disfrutar de lo que se hace y de lo que ya se tiene. Simple. Porque nunca estamos satisfechos con nuestros logros y no prestamos atención a nuestra propia existencia, sino más bien vivimos pendientes de los demás.

Mucha gente pasa su vida comparándose con otros, tratando de superar a otros y buscando el reconocimiento público. Ser mejores que quienes nos rodean.

¿Por qué? Porque eso es lo que siempre nos han dicho: “Esfuérzate, sé el mejor de la clase”, “Gana la carrera”, “Debes destacar entre los demás”, “Estudia una buena profesión para que ganes más que tu papá” …

No se trata de ser mejor que los demás. Se trata de superarnos a nosotros mismos, ser mejores de lo que fuimos ayer, día a día, todos los días.

Wayne Dyer lo dijo así: “El propósito de la vida, es vivir una vida con propósito”.

Se entiende la virtud como el servir a otros sin esperar nada a cambio, bajo el principio de que lo que hacemos a otros, nos lo estamos haciendo a nosotros mismos.


¿Y cómo encuentro mi propósito?

En algún momento lo encontrarás, y éste suele llegar de pronto, sin siquiera buscarlo. Muchas personas sienten lo mismo que tú, que no saben cuál es su propósito ni lo que quieren, hasta que lo experimentan.

Incluso los amigos y familiares que dicen que saben lo que quieren, lo más probable es que cambien de opinión varias veces a lo largo de sus vidas.

Así que no te preocupes demasiado porque tienes mucho tiempo para tomar esa decisión, y mientras llega, puedes empezar a practicar la “virtud sin distinción”. Este concepto lo encontré por “casualidad” en un libro que reúne las enseñanzas de un gran sabio espiritual llamado Lao Tse. Se entiende la virtud como el servir a otros sin esperar nada a cambio, bajo el principio de que lo que hacemos a otros, nos lo estamos haciendo a nosotros mismos.

Sus conceptos y enseñanzas no se digieren fácilmente y uno no termina de asimilar su contenido. Pero destaco el hábito de la virtud sin distinción, que sólo se crea mediante la práctica constante y técnicas para transformar nuestros pensamientos en energía y vibraciones positivas.

Las personas ordinarias (todos los que no estamos iluminados, la gente normal como tú y como yo), únicamente podemos acercarnos a la Fuente del conocimiento infinito cultivando nuestra mente, cuidando nuestro cuerpo, y limpiando nuestro espíritu.

Suena muy profundo ¿verdad?, pero los que saben (sí, esos seres iluminados altamente evolucionados), brindan técnicas simples y comprensibles que nos ayudan a mantener nuestros pensamientos en calma frente al ajetreado y frenético mundo en el que vivimos.

Con un simple pensamiento, podemos pasar de estar felices a estar sumidos en profunda tristeza. Pasar de ser productivos a encerrarnos en una mortal depresión.

Lo bueno es que esta cualidad de la mente es reversible: funciona en ambas direcciones.


¿Y cómo resuelve esto mis problemas?

Pues bien, tu mente creó todos esos problemas. Fue tu cabeza (o cabezonada) la que te ha llevado a donde te encuentras ahora ¿o me equivoco? Entonces ¿por qué sigues confiando en ella?

Puede sonar disparatado, pero tu mente no eres tú. Nuestro cerebro es poderoso, y puede condicionar todo lo que nos rodea y hacernos ver cosas donde no las hay, o nublarnos la visión y no vemos lo evidente.

Con un simple pensamiento, podemos pasar de estar felices a estar sumidos en profunda tristeza. Pasar de ser productivos a encerrarnos en una mortal depresión. Parece un panorama trágico, pero lo bueno es que esta cualidad de la mente es reversible, funciona en ambas direcciones.

¡Zaz! Aquí viene la magia: si puedo condicionar mis pensamientos para estar triste, también puedo hacer lo contrario, ¿tiene sentido? Claro que sí. Si no me crees, inténtalo en este momento, YA MISMO. Piensa en un recuerdo que te haya hecho realmente feliz. Un momento especial que hayas disfrutado de manera especial e increíble. Cierra los ojos y vuelve a disfrutarlo. Si te concentras, hasta podrías vivirlo nuevamente en tu cabeza y experimentarías esa sensación suprema de satisfacción.

¡Ves! Ahora que has descubierto este nuevo “súper poder”, empieza a utilizarlo en beneficio propio.

Domina tu mente. Es un excelente criado, pero un pésimo amo. Empieza a confiar en tu intuición, en las corazonadas y en todo lo que te venga del interior de tu ser y que te permite conectar con la Fuente que está en todos lados y, por tanto, que está también dentro de ti.

¡Adelante! Toma acción ya mismo. Sé consciente de tu entorno, de ti mismo. Enfócate, y busca ayuda de personas, libros o videos que ayuden a cultivar tu mente, tu cuerpo y tu espíritu, y hazlo con toda confianza en tus propias capacidades. Recuerda, no importa lo que sabes, sino lo que haces.

Comparte esta información valiosa con tus amigos emprendedores.

Para tu éxito,
Danay.

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